Marta perdió horas laborales y llegó al borde del desalojo. Documentó ingresos variables, mostró recibos, cartas del propietario y un presupuesto realista con recortes propios. Ajustó su narrativa evitando dramatismos, subrayando estabilidad futura tras una formación corta. Solicitó dos apoyos compatibles: subvención de vivienda y ayuda temporal de servicios. La claridad de su carpeta acortó la revisión. Recibió lo necesario para ponerse al día y un acompañamiento comunitario. Hoy comparte su checklist con vecinos y anima a enviar con antelación, nunca en la última tarde.
Un grupo de vecinos organizó compras conjuntas y talleres de eficiencia. Con datos de consumo, presupuestos de mejoras y aval del centro comunitario, postularon a una subvención energética. Presentaron metas medibles: reducir un veinte por ciento el gasto mensual en seis meses. Acompañaron la solicitud con testimonios fotográficos y un plan de mantenimiento. La aprobación trajo bombillas LED, sellado de ventanas y microcréditos para equipos eficientes. El ahorro liberado financió un fondo de emergencia. Compartieron el dossier abierto, para que otros replicaran sin reinventar cada documento.